La adolescencia es especial, realmente no sabes cuando empieza ni cuando acaba. Para ellas comienza cuando la mujer desarrolla y acaba cuando tiene un hijo. En cierto sentido parecen madurar de golpe, su responsabilidad así lo demuestra. En otros aspectos parecen eternamente niñas, sus sonrisas y juegos así lo aparentan. La verdad es que es difícil entender que hay tras su mirada cuando llevan a sus hijos bebés en la espalda, lugar donde les acarrean con un gran pañuelo atado al torso, y donde el bebé puede dormir recostado sin problemas, mientras deja sus manos libres para trabajar. No parecen tristes, al contrario, tampoco satisfechas, al contrario, son desafiantes y arrebatadoras.
La adolescencia y juventud de la mujer en Guinea va muy ligada a su casamiento y a la dote. El marido tiene que pagar una cantidad de dinero que estipula la familia de la novia, puede fijarse entre los 300.000 francos cfas, a varios
millones (desde unos 400 euros a varios miles de euros). Esto parece sencillo, sin embargo los sueldos, de los que pueden trabajar, oscilan entre los 50 a 100.000 francos cfas. Es un auténtico reto para muchas parejas superar esta situación. Los hombres muchas veces se ven obligados a trabajar duro para poder casarse y ellas a esperar pacientemente. En ocasiones la solución está en que los varones tengan hermanas mayores, de este modo las dotes que recibe la familia de ellas, sirve para pagar las de ellos. El problema se agrava mucho en familias cristianas, ya que la promiscuidad, muy aceptada culturalmente, choca con el credo de estos hermanos que tienen que vencer duras tentaciones hasta lograr estabilizar su vida matrimonial. Sin embargo, la mujer no quiere liberarse de este ritual, aunque se trate de una transacción material por su persona, culturalmente esta muy aceptado, y ella se sentiría sin valor si no se aportara dote para su boda.
Sus vestimentas son vistosas, telas muy alegres, llenas de coloridos, son batas o faldas y blusas que muchas veces llevan a juego con un pañuelo en la cabeza. Las hace esbeltas y elegantes. La mayoría de los hogares no tiene agua corriente, por lo que en época de lluvias, los canalones se transforman en duchas gratuitas que aprovechan los niños y jóvenes para refrescarse y asearse. Las madres ponen a sus hijos desnudos bajo estos chorros espesos embadurnados de jabón. Las coladas se realizan a pesar de las dificultades, y la ropa se tiende al aire, muchas veces no en cuerdas, sino sobre la hierba al sol, El arreglo del pelo entre las mujeres también parece ser un ritual. Cada semana observas a las jóvenes y niñas con distintos tipos de trenzados y peinados muy laboriosos. Los sábados se dedican bastante tiempo a elaborarlos, son trabajosos pero cómodos ya que duran tiempo bien aparentes. Los hay de miles de formas: trenzas muy pegadas con distintos recorridos, con postizos, minicoletas por regiones cuadrangulares, triangulares o poligonales, a veces las cabecitas parecen representaciones moleculares diversas, otras te sorprenden los colores diversos de las gomas o lazos, y de vez en cuando, cabellos lisos y peinados, lo cual también es muy laborioso dado su carácter rizado de forma natural. La verdad es que saben manejar su estética. La mujer guineana es muy guapa y altiva, cuando se cuida sorprende, le gusta vestir bien e ir siempre arreglada.
La mujer ya madre vive con su familia, formada generalmente por su marido, sus hijos, a menudo numerosos, abuelos y en muchos casos nietos. Su trabajo es muy diferente si reside en la ciudad o en los poblados. Ella siempre llevará la casa adelante, lo cual, teniendo en cuenta las condiciones de estas viviendas, es mucho trabajo. Como decíamos antes, acarrear el agua desde el pozo o manantial, preparar las comidas, lavar la ropa, .. son sus tareas domésticas. A parte pueden trabajar en el mercado vendiendo productos de distinto tipo, muchas veces con sus bebés agarrados a las balanzas o dormitando entre los aguacates y las bananas. En los poblados la mujer recolecta, sale con grandes cestos a modo de mochila en la espalda, para recoger los frutos del bosque, yuca, o llevar la leña para la cocina.
Son mujeres admirables, por la gran responsabilidad y trabajo que llevan adelante, que asumen casi siempre con alegría, son mujeres fuertes, pero también muy sometidas a su rol. Como curiosidad el comentario muy natural de un taxista que relataba como la época de lluvias dura tres meses, y la sequía otros tres meses, él estaba convencido de que estos meses de sequía eran para que las mujeres pudieran recoger o plantar sus pequeñas cosechas, de las que se alimenta toda la familia, que luego requerían de la lluvia para preparar la tierra y regar.
En las viviendas comunes, las cocinas están separadas del resto de la vivienda. En ellas se guardan las cacerolas y utensilios necesarios para cocinar y dependiendo de la disponibilidad económica, podemos encontrar cocinas de gas, o directamente hogueras de leña en el suelo (lo cuál es lo normal en los poblados). Por supuesto no hay agua en ellas, solo la que se puede acarrear. Además, en lugares no urbanos es frecuente que distintos animales domésticos, generalmente gallinas o patos, participen de la vida familiar en este aposento, ya que se alimentan de los desperdicios que se originan en las labores culinarias. De este modo realizan dos labores, la de limpieza y la de asegurar el suministro de proteínas para la familia en un futuro cercano.
De esta forma, la madre trabaja serena, conforme a su destino, Abraza a sus bebés con mucho cariño, zarandea a sus pequeños cuando “molestan” y trabaja muy duro dando de comer lo que puede, a la hora que puede, a toda la familia. Muchas veces la ausencia de recursos le lleva a esperar hasta ya anochecido para alimentar a los suyos. Es frecuente que acudan al mercado a la hora del cierre, cuando los precios bajan debido a que el material se estropea, entonces compran y pueden preparar la comida. En muchas casas no hay horario fijo para reunirse a la mesa, puede ser a las dos de la tarde, las cuatro o incluso las ocho. Sólo en fiestas tan señaladas como la Navidad se permite esto.
La salud de la familia juega un papel central en cualquier lugar del mundo, pero aquí es básico. La pregunta típica no es ¿cómo estás? ¿te va bien?, sino que es ¿de salud bien? ¿cómo estáis de salud?. La enfermedad está muy ligada a la muerte, la falta de medios reales se une a la falta de recursos familiares para cubrir los gastos del hospital y de los medicamentos. Por ello tardan en llevar a los niños a urgencias, muy a menudo demasiado tarde, muchos tienen problemas relacionados con parásitos de forma casi constante, por no tratarse en condiciones. Si, la muerte es compañero indiscutible, las familias la conocen de cerca, siempre alguien cercano muere, niño, joven, adulto o anciano, da igual. Las familias lloran, exteriorizan sin problemas su dolor, pero con rapidez proceden al entierro, pues hace mucho calor.
La mujer anciana acumula la experiencia de los años, es muy respetada por sus hijos, parece casi venerable, no se
porqué veo más mujeres ancianas que hombres. La verdad es que es fuerte esta guineana. Continúa en sus casas, o con sus hijas en la cocina, ayudando en los quehaceres y con los niños. Hasta edades avanzadas trabajan duro, les cuesta dejar de ir al bosque, de hecho este trabajo es para ellas signo de identidad, ¿qué harían si no? ¿quién se ocuparía de sus hijos? ¿quién las valoraría?, está tan arraigado su rol culturalmente que no cabe otra opción. No podrían vivir si estas circunstancias cambiaran.
Una gran mayoría de mujeres de distintas edades, sobre todo adultas, no sabe leer ni escribir, tampoco comprenden español, sin embargo, cuando consiguen hacerlo, cambia totalmente su vida, se emocionan por poder entender cosas que les parecía imposible en otros momentos, por saber comprender lo que dicen los libros, por poder escribir lo que les apetece. Les rompe barreras, se valoran a sí mismas, se abren nuevos horizontes, en cierta forma se liberan. Si además son cristianas y lo que leen es la Palabra de Dios, sus rostros parecen llenarse de sabiduría de pronto, y sus emociones se despiertan ante las nuevas perspectivas que les ofrece el conocer a Jesucristo por ellas mismas.
Pero la globalización también aquí llega, y aparece una nueva mujer en las ciudades. Con espíritu emprendedor, sin dejar sus roles de madre y ama de casa, pero con iniciativa para el estudio, para las relaciones, para otras formas hasta entonces desconocidas de vida.
Algunas trabajan y son independientes económicamente, otras, la verdad es que no muchas, pueden tener expectativas en sus estudios (aunque esta labor es mayoritaria en los hombres), pueden mirar su futuro con otros ojos y anhelar con viajar y poder vivir otra vida diferente.
No hay día de la madre, parece ser algo tan natural como asumido, ¿celebrarías el día de la luz del sol? ¿celebrarías el
día de 24 horas? ¿porqué celebrar el día de la madre?. Pero sí hay una nueva inquietud, el día de la mujer. El 8 de marzo, igual que en otros lugares, las mujeres reivindican su posición. Se realizan distintos actos conmemorativos, se reúnen y es entonces cuando se pueden ver esas camisetas de: Mujer guineana ¡¡Despierta!!, eslogan solo válido para aquellas que realmente desean despertar a otra realidad, porque la mayoría acepta e incluso anhela el sueño transmitido por sus progenitores.
Realmente el evangelio está cambiando muchas cosas, pero hay que hacer un tremendo esfuerzo en las iglesias y en la educación. Sin embargo, es hermoso ver como en los seminarios de preparación teológica, el número de mujeres casi iguala al de hombres, aunque la realidad es que son una minoría, con niveles culturales básicos que les permiten afrontar estos estudios. Podemos encontrar auténticas líderes en las iglesias, responsables generalmente de áreas de enseñanza y niñez, también toman papeles importantes en las áreas de oración y alabanza, ellas tienen sus corazones entregados al Señor, no lo dudan, le alaban con todas sus fuerzas, se comprometen a seguirle. La dificultad no les aparta de sus caminos, les ayuda a mantenerse en ellos.
