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Es curiosa la forma de castigo, les obligan a que ellos mismos se aguanten el párpado para que no cierren un ojo o que uno a otro se coja la oreja.
Eso ocurre para que miren o escuchen al profesor. Estos castigos los cumplen a la hora del recreo mientras los demás niños juegan.
El profesor tiene en su mano una escobilla con la que golpea a los pequeños si revolucionan.